Definitivamente no podía. Era como si el tiempo me hubiera abierto la puerta a miedos que sin duda, y a las pruebas me remito, eran inexistentes en mi niñez. La edad no perdona. Lo disfrazan de prudencia, pero el hecho es que estoy paralizada. No puedo hacerlo.
Mis manos frías, pero sudorosas, sujetan el fino hilo, que mi pupila se empeña en transformar en una cuerda que asfixia mi respiración agitada. Mi corazón late fuertemente.
Como si algo malo fuese a suceder recordé mi infancia, creo que para que me rescatara aquella niña sin juicio de hace 20 años.
No es justo, no pienso torturarme más, era más fácil cuando eran de leche. Deslizo con cuidado hacia el exterior de mi boca, la soga que prende desde mi muela dubitativa hasta el pomo de la puerta, del cuarto de baño eso sí, que la sangre es muy escandalosa.
Que me la arranque el doctor Pérez, he decidido palpándome el bolsillo y sacando un pañuelo con el que limpio el miedo de mi cara. Con las mismas, vuelvo a meter la mano en el trasero de mis pantalones, para comprobar la inexistencia de valor alguno en sus recovecos.
Me lamento:
- Seguro que me saca algo más que un diente, con el desembolso que supone ir al dentista!
Está tan bien escrito y es tan ocurrente, que el lamento incluso resulta innecesario por explicativo.
ResponderEliminarMuy bueno.
Debía ser yo la cobarde, que nunca hice esa barbaridad. Claro, que a mí no tardaron demasiado en salirme las muelas del juicio.
ResponderEliminarAún conservo 3 cuartas partes de mis muelas de juicio. Tal vez por un lamento o por mantener la idea de que " siempre es mejor conservar las piezas de uno". Sea cual sea la razón es que siempre está bien dedicarle un tiempo de reflexión a aquellos molares que tan necesarios son para nuestras grandes ingestas. G&T.
ResponderEliminarNi antes ni después, no me quito una muela así ni aunque dependiera la vida de otros. A lo mejor si fuera la mía....
ResponderEliminarEstupendo relato.
Voy a pedir cita hoy mismo. Y no lo necesito...
ResponderEliminarMila
En esas ando ahora... con la duda de si darme un puñetazo en la cara o darle mis ahorrillos a un dentista...eso sí, paso de franquicias: de Vitaldent salí muy escarmentaíco.
ResponderEliminarSalud.