martes, 23 de noviembre de 2010

ALTOS VUELOS

Le quiero.

No pasa un solo día sin que alguno de sus amigotes me diga en tono guasón: ay… como se nota el amor… y yo enrojezca como si fuera una quinceañera.

En realidad no me importa reconocerlo, él me hace feliz y lo gritaría a los cuatro vientos. Ayer jugamos a los dedos, ya sabes, ese donde dos pulgares se baten hasta atrapar al contrario y el regalo de la victoria es que te aprisione "el gordito" de las manos más fuertes.

Me gusta todo de él, desde la cabeza, aunque grande y firme, hasta sus antagónicos pies,tan pequeños que parece como si fuese a caer en cualquier momento .

El otro día me preguntó:

- Sara, si fueras un animal, ¿cuál te gustaría ser?
- No sé, supongo que un perro, es el mejor amigo del hombre, y de la mujer ¡ojo! que no me gusta ser machista. ¿Y tú? –me apresuré.
- A mí me gustaría ser un águila, es elegante, y lo ves todo desde arriba- contestó mientras jugueteaba con nuestras alturas y aplastaba su mano sobre mi cabeza
- ¡Entonces no nos veríamos nunca! Protesté.
- Ayyy Sarita… me dijo besándome la frente y acariciándome el hombro.

Entonces lo vi claro, las águilas no tienen que vivir tan mal, son más libres y no tienen dueño, supongo que podría ser una de esas...

Él no me quiere.