Definitivamente no podía. Era como si el tiempo me hubiera abierto la puerta a miedos que sin duda, y a las pruebas me remito, eran inexistentes en mi niñez. La edad no perdona. Lo disfrazan de prudencia, pero el hecho es que estoy paralizada. No puedo hacerlo.
Mis manos frías, pero sudorosas, sujetan el fino hilo, que mi pupila se empeña en transformar en una cuerda que asfixia mi respiración agitada. Mi corazón late fuertemente.
Como si algo malo fuese a suceder recordé mi infancia, creo que para que me rescatara aquella niña sin juicio de hace 20 años.
No es justo, no pienso torturarme más, era más fácil cuando eran de leche. Deslizo con cuidado hacia el exterior de mi boca, la soga que prende desde mi muela dubitativa hasta el pomo de la puerta, del cuarto de baño eso sí, que la sangre es muy escandalosa.
Que me la arranque el doctor Pérez, he decidido palpándome el bolsillo y sacando un pañuelo con el que limpio el miedo de mi cara. Con las mismas, vuelvo a meter la mano en el trasero de mis pantalones, para comprobar la inexistencia de valor alguno en sus recovecos.
Me lamento:
- Seguro que me saca algo más que un diente, con el desembolso que supone ir al dentista!
lunes, 25 de octubre de 2010
viernes, 1 de octubre de 2010
Un día cualquiera
Fue un despertar abrupto y no era para menos. Los recuerdos de “lo que pudo haber sido” daban los últimos coletazos entre sus sábanas viejas.
Había decidido pasar página, como tantas veces. Remedios, le llamaban.
A golpe de calendario organizaba su vida. No eternizaba agravios ni reclamaciones. Tampoco vivía de las rentas de sus escasos triunfos. Tan solo necesitaba esbozar su agenda, que por cierto, coqueteaba con cualquiera que se pusiera por delante, la muy puta: una palabra bonita, una falsa promesa…
A veces, sólo a veces, Remedios se declaraba en punto muerto, es decir, tachaba en su calendario hasta casi borrar el día y se quedaba a solas con suspiros risas y llantos, los cuales, explotaban abrasando sus mejillas a sabiendas que en unas horas se desvanecerían y Remedios nunca miraría atrás..
Había decidido pasar página, como tantas veces. Remedios, le llamaban.
A golpe de calendario organizaba su vida. No eternizaba agravios ni reclamaciones. Tampoco vivía de las rentas de sus escasos triunfos. Tan solo necesitaba esbozar su agenda, que por cierto, coqueteaba con cualquiera que se pusiera por delante, la muy puta: una palabra bonita, una falsa promesa…
A veces, sólo a veces, Remedios se declaraba en punto muerto, es decir, tachaba en su calendario hasta casi borrar el día y se quedaba a solas con suspiros risas y llantos, los cuales, explotaban abrasando sus mejillas a sabiendas que en unas horas se desvanecerían y Remedios nunca miraría atrás..
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